En el kilómetro 2 de la vía Calceta-Quiroga, en La Juanita, está el Santuario de los 'cachudos'. Los cuernos colocados tienen los nombres de quien sufrió infidelidad.

Bajo dos frondosos árboles hay una larga banca de madera. Allí pueden sentarse cómodas unas doce personas. Al filo de la banca está una galería improvisada, también de madera, en la que se aprecia decenas de cuernos de ganado vacuno. Es el Santuario de los 'cachudos', explican en coro la media docena de hombres presentes en el lugar.

Las astas son de color rojo, la parte central plana es negra y sobre ella hay escritos nombres, los de los 'cachudos'. Cada cuerno tiene su inscripción y permanece clavado a los maderos. Atrás hay matas de plátano, cacao y mangos.

¿Por qué los cachudos?

En el habla popular ecuatoriana, 'cachudo' se le dice a quien ha sufrido infidelidad, hombre  o mujer. Una infidelidad que les ha dolido, que la sobrellevaba por largo tiempo o la descubrió temprano.

Este santuario de los cachudos está en el barrio La Juanita, a un costado del kilómetro 2 de la carretera Calceta – Quiroga, en el norte de Manabí. Es el consuelo de los engañados, un rincón donde acuden para demostrar valentía, al reconocer su situación y tomarla desde el lado amable. Es ponerle al mal tiempo buena cara.

Ángel Bravo, uno de los vecinos del sector y asiduo presente con un grupo de amigos en la banca, comenta que poner su cuerno en esta galería es una muestra de valentía. “Hay gente que se pone a llorar y hasta se mata, pero no es lo correcto, es mejor enfrentar la realidad”, dice Bravo.

El hombre, bonachón, de unos 50 años y piel tostada, relata que este espacio se lo instaló hace unos cuatro años, luego de que falleciera Ramón Mendoza, el dueño de la ´Casa de los Cachos´, famosa hasta ese entonces en el recinto San Eloy, de la parroquia Charapotó, en el centro norte de Manabí.

Mendoza, un 'cachudo' confeso, colocó cuernos en su casa y organizaba fiestas anuales a la que asistían decenas de víctimas de infidelidad de todo el país y hasta del extranjero.

El promotor del santuario 

Luego de la muerte de Mendoza, a quien lo llamaban cariñosamente Ramonciro, la casa se cayó y todo quedó solo como una anécdota.

Frente a esa realidad, Héctor Bravo decidió instalar el santuario de los cachudos en Calceta. Colocó su nombre en unos cuernos e invitó a otros desdichados o valientes a que también lo hagan. Así fueron sumándose más nombres, o más cachudos,  y a septiembre 22 de 2023 ya había una veintena de cuernos con los respectivos nombres.

A los de Ramón se han sumado Juan, Alex, Ángel, Kevin, Fernando Zambrano, El Tierno, Chucho y otros. También hay los de mujeres, como Renata, Tatiana, Ruth y más.

Santuario de cachos Calceta

El santuario de los cachos es una parada para quienes visitan Calceta, incluso para los habitatantes de la zona.

Inspiración y filosofía popular

"No todos los hombres son perros, también hay venados", describe una de las frases pintadas con letra blanca sobre un fondo negro. Es la inspiración y 'filosofada' popular, según estos hombres de Calceta, llamada 'La Sin Par' y conocida en el mundo porque uno de sus hijos expresó la arenga 'Al empate, Calceta', cuando la selección cantonal de fútbol perdía 11 goles a cero y convirió un tanto a pocos minutos del final del partido, hace unas cuatro décadas.

Y de inspiración popular en el santuario de los cachudos, que sobre y no falte: "El hombre mujeriego es como la diabetes, se controla, pero no se cura", se lee en una tabla. En otra se remata con contundencia: "No puedes montar dos caballos con un solo trasero". 

Carlos, otro de los hombres que luego de las labores agrícolas o comerciales suelen congregarse en La Juanita por las tardes, hace una invitación: "A todas las personas  que son cachudas, que se sientan orgullosas, que sean realistas de que les han  puesto los cachos. Les hacemos la invitación para que vengan a La Juanita. No solo a los hombres, sino a las mujeres, que vengan y pongan su cachito, en especial mi mujer".

Vayan, visitantes y donantes

El objetivo con el santuario de los cachudos, de Calceta,  es atraer también a los turistas. Ángel Bravo espera que más personas visiten La Juanita, ya sea solo para ver los cachos o seguir luego hacia la represa La Esperanza, uno de los sitios de mayor atracción turística en la zona.

El cuerpo de agua está a una media hora de La Juanita y tiene diversas opciones para los turistas. Hay cabañas que ofrecen comida criolla, hay sitios de hospedaje y en la represa se puede pasear en canoas, hacer kayac y también practicar fuerabordismo. Un lugar para un paseo en familia, especialmente los fines de semana. 

Aquí no se hace fiesta en una fecha establecida, como sucedía en la 'Casa de los cachos', pero para fin de año se repintan los nombres y se arma una farra popular. (I)

 

La casa de los Cachos

En la casa de Ramón Mendoza se colocaban cachos en donde sea. Esta ya no existe, tampoco los cachos.

Ramón Mendoza se inspiró en una situación personal y empezó a adornar su casa con cachos de gabado vacuno. Su historia empezó en 1997 cuando encontró a su ex pareja engañándolo con un amigo.

Su reacción, además de la ofuscación, fue crear una organización en la que los hombres afectados por la infidelidad se sientan identificados, conversen y se desahoguen a través de mensajes que dejan pegados en esta vivienda, ubicada al lado de la carretera Rocafuerte - Charapotó, en el recinto San Eloy, norte de Manabí.

La filosofía popular inmediatamente bautizó a la vivienda como 'La casa de los cachos' y con ese nombre dio la vuelta al mundo. Incluso un grupo musical creó una canción bailable de la historia y la casa de Ramoncito.

Allí  muchos decidieron contar su historia con sólo publicar su nombre y de dónde llegaban. Iban a desahogarse de sus aflicciones, a sincerarse y al intercambiar experiencias con otras personas engañadas levantaban su autoestima.

Los asistentes a la casa decidieron crear el club de los traicionados. Los organizadores, entre ellos Ramoncito, tenían la labor de ir a los camales de Charapotó y de Rocafuerte a buscar cachos, pues cada vez había más demanda. LAs astas las pintaban, les ponían nombre y las pegaban donde podían, en la pared, troncos y más objetos.

Ya era una costumbre de todas las tardes y noches en la casa de San Eloy, los visitantes jugaban barajas, se tomaban un trago y narraban anécdotas.

Más tarde, con el terremoto del 16 de abril de 2016, la vivienda se cayó; solo la pared frontal en donde están los cachos quedó en pie. Tiempo después fue reconstruida como una pequeña casa decorada con placas de todos los tamaños que recogen las historias de fallidas relaciones. Pero Ramoncito murió en 2019 y todo desapareció. (I)

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