A los costados de la vía Santa Elena–Guayaquil así como de otras provincias que registran alto turismo hay quejas porque los radares emiten multas inexistentes.

En Ecuador, las multas por exceso de velocidad impuestas por acción de radares con fallas afectan al turismo y los operadores y dirigentes gremiales piden urgente solución. A mediados de agosto de 2022, solo en Santa Elena se hicieron públicos reclamos sobre 128 citaciones que suman $16.644,50 en multas por supuesto exceso de velocidad, en su mayoría impuestas a turistas que llegan desde Guayaquil, Quito, Cuenca y otras ciudades.

Otra de las provincias donde se ha registrado descontento y baja afluencia en  los turistas es Esmeraldas. Allí al ingreso o salida, los conductores reciben multas por los radares que, por cierto, no marcan la velocidad real de los vehículos, según conductores y dirigentes del turismo.

Ante dichos antecedentes, algunos representantes del sector turístico reaccionan y exigen una pronta solución y más seguridad para quienes hacen posible el turismo local.

No es un medio preventivo

Jorge Benítez, presidente de la Cámara de Turismo de Esmeraldas, dice no estar de acuerdo con las consecutivas multas a causa de los radares en mal estado que reciben los conductores,  gran parte turistas, y cuyos reclamos son atendidos parcialmente.

“Es lamentable que para muchos municipios del perfil costero, donde están aún disponibles estos radares, se incluyan en la situación como un fin recaudatorio, más no preventivo. Hemos notado en la ciudad de Esmeraldas y el sur de Atacames, especialmente en la parte interna o la entrada de las localidades donde hay radares, que atacan o perjudican a los turistas que pasan, salen y no regresan más”, exterioriza Benítez.

El principal de Turismo de Esmeraldas sostiene que la parte más incómoda es llegar a casa después de un fin de semana de vacaciones familiares y revisar la mensajería de correos donde se notifican las multas por exceso de velocidad, aun cuando los radares no valen o sirven.

“Claro está que estas afectaciones no atendidas ahuyentan a los turistas”, expresa el dirigente.

Una pronta solución

Carlos Abad, presidente de la Cámara de Turismo de Santa Elena, asegura que cerca del 90% de los radares de la vía Guayaquil – Santa Elena están descompuestos, ya que marcan entre 8 a 10 kilómetros más allá de la velocidad real de cada vehículo y esa anomalía también está detectada en la zona norte de la provincia de Santa Elena.

“Por experiencia propia, somos ciudadanos que en un solo viaje a Guayaquil o en el caso de los turistas con destino a Santa Elena han sido citados hasta tres veces, tanto así que no se le puede llamar más que un robo a toda vista que se le hace a los turistas. Ya así, quién tiene ganas de venir hasta acá, si estamos llenos de radares”, reclama Abad.

Él dice que en la zona costera del país sí hay vías en buen estado y con variedad de carriles  como para que sea una obligación andar a 100 kilómetros.

“En representación del sector turístico, que las autoridades de tránsito nos exijan y no solucionen es exponernos a accidentes y asaltos en la carretera, porque no hay resguardo policial, solo control de vigilancia en el que los señores de la CTE extorsionan a los conductores. Por favor, autoridades, trabajen por respaldar la vida y seguridad de los turistas”, expresó Carlos Abad.

El turismo sin respaldo

Un representante de la agencia de viajes Drop Zone Travel, comenta que las multas por radares no solo las reciben quien hace turismo y viaja en sus propios vehículos, sino también los buses que posee dicha empresa ya han sido sometidos a multas innecesarias, injustas, según él.

“Este problema se nos presenta cuando llevamos turistas de la Sierra a la Costa; son turistas a los que por costumbre no les gusta ir a exceso de velocidad y uno debe cumplir con sus intenciones. Oh sorpresa, ya hemos recibido cerca de doce citaciones por supuestas fallas en la toma de velocidades, es un robo”, dice el empresario.

También añade que bajo ningún concepto las autoridades buscan ayudar al sector turístico como fuente más afectada tras el COVID-19 y las manifestaciones ocurridas el pasado junio por el paro nacional.

“Como puede ser posible que lo poco que uno se gana tenga que invertir en multas y mantenimientos de los carros, así vamos de mal en peor, por eso muchos dejan de hacer turismo”, exterioriza. (I)

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