La salsa llegó a Guayaquil en 1969 y desde entonces se fusionó con la cultura hasta crear una identidad propia, tal como lo hizo la salsoteca el Cabo Rojeño.

Al dar el primer paso dentro del Cabo Rojeño se siente las vibraciones de la música que corren desde la punta de los pies hasta el tórax. Al segundo paso se escucha a Héctor Lavoe cantándote al oído: “Yo, soy el cantante / hoy han venido a escuchar / lo mejor del repertorio...”. Al tercero,  los pies ya están bailando al compás del violín, trombón, trompetas, maracas, campana y otros instrumentos.

Cualquier rincón es una pista de baile en este bar, que lleva 39 años de antigüedad y está ubicado en Rumichaca y Luis Urdaneta. Es el lugar favorito y tradicional de todo salsero para pasar sus noches de bohemia. Se trata de una emblemática salsoteca donde cada noche de viernes no cabe un alfiler entre parejas que bailan separadas y dan vueltas coordinadas; o juntas, sin salirse de la misma baldosa: dependerá si se trata de salsa rumbera o romántica, respectivamente. Allí, el que no sabe bailar, lo aprende, así:  “adelante, adelante, atrás, pausa…”.

CABO ROJEÑO

Pasadas las 22:00, las presentaciones artísticas incentivan a los clientes a llenar la pista de baile del Cabo Rojeño.

La cerveza se convierte en una necesidad para refrescar las ganas de cantar; ¿Quién se imaginaría que una fresca noche veraniega guayaca, bajo techo a 16º de climatización, se codiciarían tanto unas heladas? Verdad que “pega, es hasta las cachas”.

La idea del Cabo Rojeño nació de los hermanos Galo (+) y Jorge Pinargote. Su amor por la salsa se convirtió en una necesidad para difundirla en la urbe porteña, misión que inició hace medio siglo y que los hermanos Pinargote decidieron continuar como parte de un legado. “Aquí ponemos salsa de la ‘gorda’, de la ‘brava’, mantenemos esa tradición (…) Cuando llegó a Ecuador, la costa ecuatoriana fue la que adoptó el ritmo y creó una identidad con el sonido instrumental, ya sea en Esmeraldas, Manabí, Los Ríos, entre otras provincias”, exterioriza Jorge.

INICIOS DE LA SALSA EN GUAYAQUIL

En el Ecuador, la música popular de expresión afroantillana se hizo presente, al menos desde la década del treinta.

Tal como en sus inicios neoyorquinos, donde en los barrios latinos al sur del Bronx los migrantes de origen afrocubano llevaron a la Gran Manzana la mezcla de distintos ritmos como el son cubano y el jazz, en Guayaquil, este ritmo se adaptó e inició su historia en 1969. Ese año, el ex futbolista convertido en locutor, Miguel Cortijo Bustamante, preparó terreno para la expansión salsera guayaca. Lo hizo a través de radio Mambo y con su negocio “Cortijo Bar”, en el popular sector del barrio Cuba, donde se mantiene como referente de la introducción de este género musical.

En efecto, la salsa y los locales donde se baila forman parte de la identidad guayaquileña. Han superado últimamente la pandemia y conmociones sociales como el último paro. Según el sociólogo Adriam Camacho, de origen cubano, “la salsa y la identidad guayaquileña están entrelazadas, la idiosincrasia del costeño tiene mucho que ver con este tipo de música”.

la salsa de cuba

La salsa cubana se ha convertido en sus casi cinco décadas de historia en uno de los bailes latinos más populares.

Camacho agrega que la salsa en su país se originó en los casinos de La Habana y otros salones de la capital. Entre los artistas más sobresalientes menciona a Machito, Benny Moré, La Sonora Matancera, Celia Cruz, entre otros. Esta mezcla nace de ritmos musicales como el son cubano, jazz, son montuno, jazz afrocubano, cha cha cha, guaracha, mambo, pachanga, rumba, bolero, guajira y danzón.

Ese hervido de géneros musicales fue lo que le dio el toque mágico, aunque dicho en palabras guayacas, “la salsa es algo parecido a la fanesca”. Así la considera Ángel Emilio Hidalgo, historiador que con sus 39 años habla de los inicios de la salsa en Guayaquil como si los hubiera vivido.

Hidalgo comenta que el álbum La Salsa Llegó, de la banda Los Demonios del Salado, en 1972, fue el primer gran aporte a la historia de la salsa en Ecuador. Esta obra fue dirigida por el peruano-ecuatoriano Carlos Miranda. Además de otras bandas donde se incluyen a Los Dinámicos, de Paco Franco, orquesta América con Sebastián Jaramillo y Los Papasotes, de Tony Reyes.

Asegura que otros de los primeros exponentes de este género musical en la ciudad huancavilca es Juan Cavero (+). Una publicación de diario El Telégrafo, del 18 de julio de 1972, muestra detalles de su álbum 'Guayaquil está de salsa’, que para la época marcó el punto de arranque de la pasión de los amantes de este género tropical. Blacio Junior, Don Medardo y sus Players, la orquesta de Rubén Lema, entre otros, ganaron espacios en portadas y páginas internas, en lo posterior, por algunos temas salseros.

Los mejores años fueron cuando se produjeron covers y se grabó música inédita en los setentas”, expresa, mientras mira con nostalgia un disco de vinilo, de su colección de más de mil. Al hablar sobre lo que significa la salsa en Guayaquil, dice que dos tercios de los ciudadanos eran afro descendientes en el siglo XVII y esta influencia hay que recuperarla, para recordar que hizo de Guayaquil una verdadera ciudad tropical que, en sus tiempos, tuvo buenas orquestas en boga, cada una de ellas contratadas para compromisos sociales particulares y de grandes masas.

 Los discos de vinilo de Salsa

Los discos de vinilo son la nostalgia por la música analógica en un mundo digitalizado. En la urbe pocos lo conservan.

“La salsa estremece la tierra a todos los hinchas del astillero guayaquileño”, es la expresión del cantante ecuatoriano, Wilson Robles, quien retumba como antesala para hablar de la orquesta La Unión, donde empezó su carrera profesional, en 1979, cuando la agrupación lo invitó a cantar en el programa televisivo Chispazos. También menciona a la orquesta Z Mar, de Esmeraldas; la orquesta Joe Mayorga; Herencia Rumbera, con Geovanny Macolí; Erik Coca Nacional, Mendoza y su Cocolón Sonoro, orquesta el Conjunto la clave, entre otros.

Robles sostiene que la salsa es un sentimiento social y espiritual, que inspira letras con el corazón para evitar, por ejemplo, el consumo de las drogas. De esa forma pasa a la historia, por sus mensajes, por su ritmo bailable o por sus grandes exponentes.

PARED DE CABO ROBEÑO

En las paredes del Cabo Rojeño hay fotografías de futbolistas del Astillero, como para citar la historia.

Parte de esa historia se conserva en las paredes de salsotecas como Cabo Rojeño o como en el Rigoberto Bar, ubicado en la 15 y Cuenca. Están las estrellas de este género que en algún momento arribaron a la Perla del Pacífico como Ismael Rivera, Héctor Lavoe, El Gran Combo y Richie Ray, entre otros.

Pero Guayaquil también atrae a las nuevas generaciones de salseros, nacionales y foráneos, quienes ven un mix de este género: rumbera, romántica y choke. Para Freddy Ramos, cantante venezolano de la orquesta española Tromboranga, aquello es respuesta de la evolución normal en la música. “El detalle es que veo que se empieza a redundar, casi todo está hecho (...) lo que sucede es que ahora se aporta con elementos frescos”, refiere.

Tromboranga

Tromboranga es la esencia pura de la salsa brava, con trombones, percusión y fuerte soneo.

Como parte de la evolución, Ramos hace una observación del Guayaquil salsero: “Acá el clima es tropical, yo soy venezolano y cuando vengo me siento como en casa. Me encanta”. El público salsero guayaquileño ha crecido, según comparó entre el concierto que brindó en la urbe en 2014 y otro que tudo en 2019. “Lo valioso es que hay un aprendizaje cultural, entre los nacionales y quienes venimos de otras partes, a través de una expresión natural del ser humano: eso es la salsa”. Este inicio de julio de 2022, de nuevo se presenta en Guayaquil.

Es que la casa de los salseros está en Guayaquil. Y el ritmo suena en las salsotecas, en los bares, en los taxis, en los celulares y en las casas. Retumba en cada esquina de esta ciudad, que este 25 julio de 2022 conmemora sus 487 años del inicio de su proceso fundacional. Y sonará la salsa así estén de moda otros ritmos, porque Guayaquil es salsero, está siempre de rumba, de sabor, de fiesta. (I)

Por Angelo Consuegra, Paúl Argudo y Erika Arreaga (Tema trabajado en 2019 antes de la pandemia y actualizado a la fecha).

TROMBORANGA EN FIESTAS DE GUAYAQUIL

Entre los ritmos que más ponen a zapatear a los guayaquileños está la salsa colombiana y cubana.

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