En ciertos feriados, cientos de turistas llegan a Puerto López. Con una buena gobernanza turística, esa afluencia fuera en todas las épocas.

El turismo en Ecuador agoniza en la teoría mientras el marco legal duerme el sueño de los justos. El principio de gobernanza participativa no es una utopía romántica ni una sugerencia académica; es un mandato constitucional.

El Artículo 95 de nuestra Constitución es categórico: los ciudadanos tienen el derecho y el deber de participar de manera protagónica en la toma de decisiones, planificación y gestión de los asuntos públicos. La norma no da espacio a interpretaciones ni a medias tintas.

Sin embargo, cuando contrastamos este mandato con la realidad de la Ley de Turismo vigente, el panorama pasa de la claridad a la penumbra. El andamiaje legal propone como su máxima instancia de gobernanza al Consejo Consultivo de Turismo (Art. 13 y 14), un organismo diseñado para sentar en la misma mesa a los ministerios de Turismo, Relaciones Exteriores y Ambiente, junto a la Fenacaptur, los municipios (AME), los consejos provinciales (Congope) y el turismo comunitario (FEPTCE).

Preguntas incómodas

Sobre el papel, parece el diseño perfecto para timonear el destino del país. Pero la terca realidad nos obliga a plantear preguntas incómodas que exigen respuestas urgentes:

¿Cuántas veces ha sesionado este Consejo en la última década?

¿Quiénes son los delegados actuales o el espacio se ha convertido en un cementerio de sillas vacías?

¿Dónde están la academia y la sociedad civil organizada en este antiguo diseño legal?

Ecuador no puede seguir gestionando su turismo mediante reuniones sectoriales esporádicas, selectivas y reactivas. Estamos a las puertas de recibir un nuevo plan estratégico de desarrollo turístico, pero ¿de qué sirve un documento técnico impecable si no hay compromiso de los actores sectoriales en los territorios?

Hoy más que nunca, el turismo ecuatoriano necesita co-creación y corresponsabilidad. Venimos arrastrando los golpes de crisis profundas —de seguridad, económicas y sanitarias— y la pérdida de peso político del sector dentro de la estructura del Estado nos ha pasado factura. Si realmente aspiramos a que el turismo sea el motor que reemplace nuestra adicción económica a las materias primas, la reactivación no puede ser un monólogo estatal.

Advertencia sobre la mesa

Esto es tarea de todos: sector público, empresas privadas, academia, ONGs, comunidades y sociedad civil. Nadie pide que se renuncien a las legítimas pretensiones de cada gremio, pero sí que se entienda que el éxito de la gobernanza depende exclusivamente de la calidad y el compromiso de los actores que la integran. El Ministerio de Turismo debe asumir con urgencia su rol rector y convocar a este encuentro, articulando de verdad con los gobiernos provinciales y cantonales.

La advertencia está sobre la mesa. No hay un modelo único de gobernanza, pero el peor de todos es el que no se ejerce. Quien pretende avanzar solo en la gestión de un destino, está condenado a retroceder. Solo un tejido actoral sólido y un equipo país podrá vencer los obstáculos actuales.

Volvamos a la pregunta inicial: sin gobernanza turística, ¿hay paraíso? La respuesta es un rotundo no. Sin gobernanza solo hay improvisación y la improvisación es el camino más rápido para dinamitar el futuro del patrimonio de los ecuatorianos. (O)

Autor: Dr. Enrique Cabanilla, U. Central del Ecuador

El rol del turismo en Ecuador
  • Docente-investigador ecuatoriano, quien ha desarrollado procesos relacionados a la academia, vinculación, investigación y consultoría en países Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Perú, Nicaragua, Guatemala, entre otros.
  • Maestría en Gestión del Desarrollo del Turismo y un Doctorado en Geografía en la Universidad Nacional del Sur, Argentina.
  • Cuenta con más de 100 publicaciones entre artículos, libros, conferencias y manuales relacionados con diversos temas del sector. 
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