Seamos realistas, durante años el sector turístico ha coqueteado con la sostenibilidad, muchas veces quedándose en la orilla del marketing verde o la simple gestión de residuos. Sin embargo, en la planificación territorial actual, eso ya no es suficiente. El verdadero desafío que enfrentamos los consultores y gestores de destinos no es solo conservar, sino rentabilizar la biodiversidad sin agotarla. Aquí es donde la bioeconomía deja de ser una palabra de moda para convertirse en una urgencia estratégica.
Frecuentemente, la conversación sobre la sostenibilidad en el turismo permanece en el nivel de las "prácticas adecuadas": disminuir el uso de plásticos, economizar agua o manejar los desechos. No obstante, para que el turismo realmente funcione como un impulsor de desarrollo en los próximos años en el territorio ecuatoriano, es necesario elevar el tema hacia un modelo económico integral. Es en este punto donde la bioeconomía se desentiende de ser una idea vaga o soñadora y se transforma en una guía práctica para la administración de destinos.
¿De la extracción a la regeneración?
Tradicionalmente, el turismo ha operado bajo lógicas extractivas, consumiendo paisaje y recursos culturales hasta su agotamiento. La bioeconomía plantea un giro de 180 grados: utilizar el conocimiento biológico y los recursos naturales de manera renovable para producir bienes y servicios.
En el contexto turístico, esto implica que el destino no solo "vende" naturaleza, sino que gestiona ecosistemas para garantizar su viabilidad económica. Ya no hablamos solo de visitar un bosque (ecoturismo), hablamos de cómo la cadena de valor turística (gastronomía, construcción, cosmética, energía) se abastece de bioproductos locales generados de forma sostenible, cerrando brechas económicas en la ruralidad.
La bioeconomía como estrategia
Cuando analizamos la cadena de valor en territorios con alta vocación agrícola y natural pensemos en nuestra ruralidad costera o amazónica, vemos una desconexión crítica. Seguimos "importando" la experiencia turística a zonas que rebosan de recursos propios. La bioeconomía propone corregir este fallo de mercado: integrar los procesos biológicos locales directamente en la oferta de servicios.
Para la adecuada gestión en el territorio, la integración de la bioeconomía presenta desafíos urgentes de gobernanza. No se trata solo de promoción, se trata de planificación integral.
Cómo articular la transición
- Encadenamientos Productivos Reales: El turismo debe funcionar como el gran mercado para los bioproductos locales. Desde los insumos agrícolas de la gastronomía de "kilómetro cero" hasta el uso de materiales vernáculos (bambú, paja toquilla, madera certificada) en la infraestructura turística. Esto retiene el gasto turístico en el territorio y diversifica la matriz de ingresos de las comunidades.
- Innovación y Tecnología: La aplicación de biotecnología y análisis de datos es clave para monitorear la salud de los activos naturales. Un destino inteligente hoy no es solo el que tiene WiFi, sino el que utiliza data para no exceder su capacidad de carga biológica.
- Puesta en Valor de lo Intangible: La bioeconomía reconoce el valor del conocimiento ancestral. En nuestros territorios, prácticas como la agricultura montuvia o la medicina tradicional no son solo "folclore", son activos de bio-conocimiento que, bien gestionados, enriquecen la oferta de experiencias y fortalecen la identidad local.
Planificación en territorio
- Innovación y Tecnología: La aplicación de biotecnología y análisis de datos es clave para monitorear la salud de los activos naturales. Un destino inteligente hoy no es solo el que tiene WiFi, sino el que utiliza data para no exceder su capacidad de carga biológica.
- Puesta en Valor de lo Intangible: La bioeconomía reconoce el valor del conocimiento ancestral. En nuestros territorios, prácticas como la agricultura montuvia o la medicina tradicional no son solo "folclore", son activos de bio-conocimiento que, bien gestionados, enriquecen la oferta de experiencias y fortalecen la identidad local.
Hoja de ruta para la gestión
La transición hacia este modelo requiere que dejemos de ver al turismo como un sector aislado. Un plan de desarrollo turístico cantonal que no dialogue con el sector agrícola y biotecnológico es un documento destinado a acumular polvo o perderse en el archivero. La nueva competitividad se juega en la capacidad de crear simbiosis: que el turista, al consumir, esté inyectando capital directamente en la regeneración del ecosistema.
Si queremos pasar del discurso a la acción, es imperativo que los actores del sistema turístico (públicos, privados y academia) colaboren bajo una visión compartida. La competitividad futura de nuestros destinos dependerá de nuestra capacidad para integrar la bioeconomía en la planificación territorial.
Proponemos tres líneas de acción inmediata:
- Rediseño de Políticas Públicas: Incentivos fiscales y técnicos para prestadores de servicios que integren bioproductos en su cadena de suministro.
- Fomento a la I+D+i Turística: Alianzas con la academia para investigar cómo nuestros ecosistemas pueden soportar actividades turísticas de alto valor sin comprometer su capital natural.
- Desarrollo de Producto con Identidad: Crear narrativas comerciales que expliquen al visitante que su consumo está financiando directamente la regeneración del ecosistema que visita.
La convergencia entre turismo y bioeconomía no es una tendencia pasajera; es una respuesta estructural a la necesidad de descarbonizar la economía y generar valor agregado a partir de nuestra mayor ventaja comparativa: la biodiversidad.
Para Ecuador, esto representa una oportunidad de oro para cambiar la matriz productiva. Tenemos una ventaja comparativa que pocos países poseen: una densidad de biodiversidad por metro cuadrado envidiable. Pero, ¿de qué nos sirve si no logramos transformarla en conocimiento y valor agregado? (O)
Autor: Edson Larrea Sánchez
- Consultor y planificador turístico.
- Especialista turístico de Blue Flag Ecuador.
- Expositor y ponente de congresos nacionales e internacionales.
- Examinador en el proceso de certificación por competencias laborales en el sector turístico.













